No estamos hechos para pasar ocho horas seguidas en una silla.
No estamos hechos para pasar ocho horas seguidas en una silla. Desde luego, nuestros ancestros en África no se podían permitir quedarse ocho horas sentados sin convertirse en el desayuno de alguien(ni ocho minutos tampoco). Se calcula que los humanos de hace 50.000 años cubrían un mínimo de 16 kilómetros diarios a pie. Nuestra genética no ha cambiado, solo nuestras costumbres, así que es normal que sentarnos nos esté matando.
El sedentarismo se relaciona con 34 enfermedades crónicas diferentes, que incluyen la obesidad, otros trastornos metabólicos, enfermedades cardiovasculares, de las articulaciones, trastornos del sueño y psicológicos. ¿Qué está ocurriendo en nuestro interior cuando nos sentamos?
Para empezar, en la posición sentada el cuerpo consume muy pocas calorías. Estos son los valores de calorías por hora consumidas por una persona de 70Kg:
Durmiendo: 46 kcal
Sentado viendo la tele: 56 kcal
De pie: 94 kcal
Caminando a paso medio: 298 kcal
Aquí se puede ver dónde se produce el gran cambio. Estar sentados consume muy poco más que estar durmiendo. Basta con ponerse en pie para que nuestro cuerpo consuma el doble de energía, y empezar a caminar para gastar casi seis veces más.
En un experimento se comprobó que las personas obesas pasaban sentadas al menos dos horas más que las de peso normal. Solo con usar ese tiempo para andar podían quemar 350 kcal adicionales cada día, el equivalente a una comida.
Pero esto no tiene que ver solo con las calorías. Moverse cambia el metabolismo, incluso aunque no hagas ejercicio. Esta diferencia en el consumo se denomina en general NEAT (Non Exercise Activity Thermogenesis, termogénesis por actividades sin ejercicio). Todo indica que es esta actividad que se realiza fuera de la práctica de un deporte es la clave para mantenerse en forma. Es lo que le ocurre a esas personas que no pueden estarse quietas, y que sin necesidad de apuntarse a un gimnasio o salir a correr, están en constante movimiento, y nunca engordan.
Es la diferencia entre usar el ascensor o las escaleras. La diferencia entre caminar o pedir un taxi, entre salir a hacer la compra y cocinar o pedir pizza a domicilio, entre seguir encorvado en la silla de la oficina o levantarse y deambular para hablar por teléfono.
Esta publicación está preparada como información general de nuestros lectores y otras personas interesadas. No es, y no pretende ser, integral en su naturaleza. Debido a la generalidad de su contenido, no debe considerarse como una asesoría jurídica.